El Nissan GT-R llega al final de su producción

Denisa Nitu 10 de septiembre de 2025
El Nissan GT-R llega al final de su producción

El nombre GT-R apareció por primera vez en 1969 con el Skyline 2000 GT-R, un sedán japonés que sorprendió en competición local gracias a su rendimiento, de manera que, lo que en principio era un coche pensado para las carreras acabó sentando las bases de uno de los deportivos más icónicos del mundo.

Tras evolucionar en los setenta y ochenta, el Skyline GT-R alcanzó su máximo reconocimiento en los noventa con las generaciones R32, R33 y R34, que dejaron huella por su tecnología, su dominio en circuito y su presencia en la cultura popular.

Fue en esa época cuando la prensa australiana lo bautizó como Godzilla, un apodo que lo acompañaría siempre y que resume bien su carácter: un monstruo japonés capaz de enfrentarse sin complejos a gigantes europeos.

La era del R35

En 2007, Nissan presentó y debutó con el GT-R R35, un coche que parecía adelantado a su tiempo con casi 500 CV, tracción total y un diseño que mezclaba líneas agresivas con un aire futurista.

A un precio inferior al de sus rivales europeos , se convirtió rápidamente en la pesadilla de marcas como Ferrari o Porsche. Su impacto fue inmediato: apareció en sagas como Fast & Furious o Gran Turismo y ganó un lugar en la cultura popular que pocos deportivos han conseguido.

Lejos de quedarse estático, el R35 fue evolucionando con los años y mejorando su motor VR38DETT, ensamblado a mano por un grupo de nueve artesanos takumi en un proceso que requería unas seis horas de trabajo, lo que permitió alcanzar en las versiones Nismo los 600 CV.

Con el tiempo llegaron ediciones especiales como la Black Edition, la Track Edition o la T-Spec, que mantuvieron la silueta reconocible del modelo mientras lo adaptaban a cada etapa.

Nissan GT-R R35 negro circulando por carretera costera con acantilados Nissan GT-R R35 plateado en atardecer, símbolo del final de una legendaria era Nissan GT-R R35 en color azul oscuro en un garaje industrial moderno

El final de una era

Sin embargo, esta maravillosa era ha llegado a su fin pues la trayectoria del GT-R R35 estuvo marcada por un contexto que acabó jugando en su contra debido a las normativas de emisiones y ruido que fueron estrechando su margen de maniobra en mercados clave como Europa, Estados Unidos y Australia, hasta que únicamente Japón mantuvo vivo el modelo. En Norteamérica, la despedida se produjo en octubre de 2024 con dos ediciones limitadas, la T-spec Takumi Edition y la Skyline Edition, concebidas como tributo a su legado.

El cierre definitivo llegó en agosto de 2025 con la última unidad fabricada en la planta de Tochigi: una Premium Edition T-Spec en color Midnight Purple destinada a un coleccionista japonés. Con ella se puso fin a una producción de unas 48.000 unidades, de las cuales cerca del 37% se quedaron en Japón, reflejando a la vez su proyección internacional y el arraigo que mantuvo en su mercado local.

Un legado difícil de igualar

El R35 no fue únicamente un deportivo de cifras impresionantes, sino un coche que cambió la percepción de lo que podía lograr un fabricante japonés demostrando que Nissan era capaz de desafiar a Ferrari, Porsche o Lamborghini con un producto propio, cargado de tecnología y con una identidad muy marcada.

Mientras que en competición su ADN se trasladó al GT3, en la calle ofreció a miles de conductores la sensación de manejar un coche de carreras, y en la cultura popular se consolidó como un mito que traspasó generaciones.

Hoy, con el final del R35, se cierra un ciclo que duró casi dos décadas. Sin embargo, Nissan ya ha dejado claro que el GT-R no se despide para siempre ya que en 2023 presentó el Hyper Force Concept, un prototipo eléctrico de más de 1.000 CV que apunta al futuro de la saga y que muestra hacia dónde puede dirigirse un hipotético R36 alrededor del año 2030. Aún no hay confirmaciones, pero la marca asegura que volverá, y que lo hará adaptado a un mundo en el que la electrificación y la sostenibilidad son ineludibles.

Lo que está claro es que el GT-R, en cualquiera de sus formas seguirá siendo mucho más que un coche: símbolo de innovación, rendimiento y pasión, con una historia grabada en la memoria colectiva y un regreso que deberá estar a la altura de una leyenda que nunca aceptó límites.

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